Cuenta la historia que Zaqueo, el publicano, cobrador de impuestos, odiado por muchos de sus paisanos, tenia un anhelo, un sueño, él quería ver a Jesús! Había escuchado tanto sobre Él!!!
En su interior ocurrían muchas cosas cuando oía hablar de Jesús, algo se conmovía, algo lo inquietaba, así que cuando supo que Jesús llegó a Jericó, la ciudad donde vivía, fue corriendo a alcanzar su sueño.
Al fin podía ver al Maestro, podía tocarlo e incluso, si era posible, conversar con Él; pero dice la Biblia, que la multitud le impedía acercarse a Jesús, además Zaqueo era de baja estatura.
Cualquiera de nosotros en lugar de Zaqueo, hubiese podido decir: "otro día será" "en otro momento lo podré conocer" "es que no era el tiempo de Dios para conocerlo" pero este hombre pequeño de estatura, no quiso quedarse con un sueño frustrado, él empezó a mirar a su alrededor, buscando cómo alcanzar su sueño, y es cuando sus ojos se abren y puede ver el árbol de Sicómoro. Ese árbol de la familia de la higuera, que puede medir hasta 20 metros de altura y 6 metros de ancho, era el sitio ideal para que Zaqueo pudiera cumplir su sueño: ver al Maestro.
Pero no quisiera concentrarme en Zaqueo, al fin y al cabo, cumplió su sueño, fue y cenó con Jesús, recibió el regalo más hermoso que cualquier ser humano puede recibir, a Jesús como el Señor de su vida. Quisiera concentrarme más bien en el Sicómoro, ese árbol frondoso, que no produce frutos muy dulces, pero cuya madera es una de las más apetecidas por su durabilidad. El árbol no refunfuñó, no dijo que no, no le dio la espalda a Zaqueo, él simplemente se dejó usar para ayudar a este publicano a cumplir su sueño. Puso toda su altura y comodidad a beneficio de Zaqueo. Desde allí, este hombre pudo cumplir su anhelo y ser usado para cosas maravillosas en el Reino.
El Sicómoro no se quejó, no dijo "me pesas, bájate", cuentan incluso que en esa época era visto como un árbol sucio por los judíos porque sus frutos eran dados a los cerdos, Zaqueo ni siquiera pensó en esa tradición al subirse, pero el Sicómoro tampoco miró su condición, ambos sirvieron para el propósito para el cual fueron hechos.
Cuántas veces podemos ayudar a otros a cumplir sus sueños? cuántas otras podemos decir que no hemos reparado en quién es la persona para ayudarla, apoyarla, llevarla a un nuevo nivel, aunque todos opinen que no vale la pena? Tu puedes ser una partera de sueños!!!
Tu puedes ayudar a otros a cumplir su propósito, a ayudar a parir y compartir los sueños hechos realidad de tu esposo, tus hijos, tus hermanos, tus amigos, de cada persona que Dios ponga en tu camino, solo debes escuchar la voz de Dios y obedecer, como lo hicieron las parteras en Egipto, como lo hizo el árbol de sicómoro.
No se trata de olvidarte de tus propios sueños, se trata de cumplirlos y ayudar a otros a hacer lo mismo!
Te invito a compartir un tiempo especial para soñar, para ver el cumplimiento de tus sueños, para aprender a esperar el momento indicado, te invito el Seminario de Mujeres Partera de Sueños, los días 4,5 y 6 de julio del año en curso.
Estaremos de la mano de mujeres y hombres especiales para el corazón de Dios, pasaremos un tiempo maravilloso!! lo creemos y te esperamos! Mayores informes e inscripciones en momentosdemujer@iglesiaammi.org síguenos en Twiter @Momentosdemujer y en nuestra fanpage
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