jueves, 18 de junio de 2015

¿QUÉ SIGINIFICA SER UNA MUJER DE HONOR?

"Cómo han cambiado las cosas, ahora son las mujeres las que mandan a los hombres" así inició conversación, una anciana que estaba frente a mi, mientras esperábamos sentadas a que nos atendieran en una consulta médica,  las dos habíamos sido testigos de una fuerte discusión entre una pareja. Eran esposos, no había duda,  pero se notaba a leguas que quien llevaba los pantalones era ella y tengo claro que todos los que estábamos allí, sentimos vergüenza ajena, por ella y por el pobre hombre que se dejaba regañar como un niño.

En qué momento cambiaron las cosas? en qué momento ser la que manda y la que se impone se convirtió en el ideal de muchas mujeres de hoy en día? Incluso algunas se jactan con las amigas y dicen: Ay de mi esposo si no me hace caso...  

Y qué decir de las amigas que en todo tiempo están diciendo y aconsejando: "No lo malacostumbres; no le hagas nada; déjalo; tu no eres su sirvienta; tu, una profesional, cocinando? qué te pasa? quién te dijo que debes atenderlo? Y esas frases empiezan a justificar nuestros pensamientos, a hacer mella en nosotras y se convierten en la excusa perfecta para reclamar igualdad, una palabra que hemos desenfocado de su concepto original.

Lo que no hemos entendido es que mantenernos en una posición que no fue hecha para nosotras, nos cansa, nos agobia, el sentir que somos las que debemos llevar las riendas no nos deja ser felices. 

Si bien ante Dios que fue el que nos creó, todos somos iguales, lo recuerda Pablo en su carta a los Gálatas 3:28: "Ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" esto es en lo espiritual, Él mismo nos dio roles diferentes, cuerpos diferentes y pensamientos diferentes, para que nos complementemos de forma armónica y perfecta.

Dios  nos hizo a las mujeres un llamado divino que no podemos eludir, Cristo es la cabeza de todo varón y el varón es la cabeza de la mujer, somos la ayuda idónea, la corona perfecta del varón. Por qué entonces renunciar a los privilegios de nuestra posición y llamado queriéndonos igualar en todo a ellos?  Debemos entender que cada vez que ocupamos el lugar de nuestros esposos, dejamos a un lado el diseño precioso de Dios.

Ser una mujer de honor es conocer ese llamado y disfrutarlo, es llenar cada espacio para el que fuimos hechas dejando claro que somos vaso frágil, pero fuertes a la hora de amar y de entregarnos por completo a lo que Dios desea.

Oremos para empezar a transformar nuestros pensamientos y alcanzar la estatura de la mujer que Dios ha diseñado.

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